Perspectivas 2026
Enero de 2026 no fue el inicio de una crisis, sino la conclusión violenta de un ciclo. La captura o secuestro como lo quieras ver de Nicolás Maduro por una operación militar estadounidense fue el checkmate en una partida de ajedrez geopolítico que llevaba años jugándose. Quienes interpretan este evento como un simple “cambio de régimen” o un problema doméstico venezolano sufren de una miopía estratégica peligrosa. Venezuela ha demostrado, una vez más, ser un eje central del poder global, un campo de pruebas donde las grandes narrativas del siglo XXI —el nacionalismo soberanista contra el globalismo institucionalista— se enfrentan con crudeza. Lo que estamos presenciando no es la victoria de una ideología sobre otra, sino el ascenso de una nueva lógica suprema: el pragmatismo puro como principio rector de la acción estatal.
Repito Venezuela es uno de los ejes centrales de la geopolítica del mundo. Quien quiera verlo como un problema doméstico y con ojos de condescendencia para mi pueblo, pues creo que están sumamente equivocados, y ya la misma historia respalda mi tesis.
Crear una perspectiva para 2026 en pleno enero era casi imposible. Los eventos, la propaganda, los anuncios y los pasos han sido brutales, han sido masivos. Pero ya es momento de ir desvelando puntos y poniendo incómodos a los más fanáticos de un lado y del otro nuevamente, dejando claro que solo basados en la lógica de poder y el pragmatismo político se pueden observar.
En 2024 publiqué mis perspectivas para 2025, donde decía que o nos íbamos a una guerra total —lo que veía inviable porque nuestras fuerzas son de resistencia y no de poder bélico, dejando a todos mal parados con mucho sufrimiento por un timing desfasado a nivel mundial—, o buscábamos de una vez por todas una pacificación política interna negociando con los financistas de los extremistas contrarios al gobierno para desarmarlos. Esto último era lo más probable y, desde mi punto de vista, fue lo que sucedió.
El objetivo actual debe estar enmarcado en reorganizar la estructura política desde todas las bases involucradas, establecer alianzas, fundamentar las ideologías de los partidos y plantear objetivos no solo nacionales, sino de geopolítica dura. La fase de transformación emula una etapa de China donde se volvió pragmática y donde se alegó eso de “no importa de qué color es el gato, con tal de que se coma los ratones” versión 2.0. El problema actual es que aún tenemos un modelo político débil para lo que viene: la democracia partidista desde mi punto de vista está bien en una era de paz, pero en una era de eventos bélicos se vuelve peligrosa y con muchísimas grietas internas.
En este punto específico, después de leer el Proyecto 2025 de Heritage Foundation, me doy cuenta de que Trump y la mitad de los republicanos son amigos cercanos al gobierno nacional de la República Bolivariana de Venezuela. Su postura geopolítica se enmarca en un aislacionismo global para lograr una recuperación interna y un trabajo ferviente para sacar del mapa a los globalistas, haciendo frente posteriormente al gigante asiático, desde la óptica gringa, primero son los globalistas pues son los enemigos políticos qué están buscando reestructurar desde hace mucho tiempo el Status Quo, y que es un constructo ideológico que lo tienen dentro de su propio sistema y que lucha por su prevalencia y Supremacía, en cambio en los chinos solo ven un adversario geopolítico lejano que quiere tomar su lugar aprovechando el letargo y las divisiones políticas internas que tiene su propio sistema político. En los globalistas ven una amenaza profunda que busca reestructurar culturalmente al mundo, promoviendo un ateísmo que force a los fundamentalistas a una batalla interna para luego culparlos de los males del mundo. Para los conservadores, esto es innegociable. También buscan reforzar organismos multilaterales para disminuir el poder nacional, algo inaceptable para los nacionalistas.
Todos estos puntos unen políticamente a estos actores y establecen alianzas importantes de cara al futuro. Cosa que, tarde o temprano, terminarían alineándose con China para buscar socavar y aplastar política o bélicamente al enemigo en común: los globalistas. Tal cual sucedió en su momento con los fascistas. Para lograrlo deberán, sí o sí, negociar y establecerse por la vía política o por la fuerza belica. El problema para esta alianza es que aún tiene una parte importante de miembros de Heritage Foundation apoyando a María Corina Machado, esto es bueno y malo a la vez pues ella está en desventaja: por el momento político, porque a Trump no le agrada planamente o no confía en ella, y porque tiene acercamientos internacionales con los globalistas. Pues ella en su estrategia busca acumular apoyo diplomático internacional qué presionen a trump para lograr objetivos democráticos en donde ella tenga mayor control político interno. Esto la pone en una encrucijada mortal (para su política).
Si no lee bien todos los elementos sobre la mesa, y su lectura geopolítica es errada, quedaría aislada en el bando globalista y creo que sería su perdición. La mayoría de los venezolanos, que son su única base de poder (un poder blando), estarían en un dos por tres sacándola del sistema si su retórica por presión política y por mantener el apoyo internacional se base en un plan de desmembrar por completo Al Concepto de Venezuela en nombre de un proyecto que aprueba el aborto, elimina a Dios del sistema, promueve derechos que ponen en desigualdad a los géneros y dice que ser venezolano no significa nada porque ser ciudadano del mundo es mejor (estas son las consignas del Globalismo), obvio no creo que llegue a eso, pues ella comprende a profundidad la naturaleza cultural del venezolano, y lo complicado que sería embarcarse en esa empresa, sin embargo en notado en ese mismo plano respaldo publico y agradecimiento a actores clave como Macron, y respondiendo preguntas incómodas sobre el matrimonio gay donde le apoya de forma no directa pero no lo rechaza abiertamente, esto pondría a dudar su apoyo republicano y debilitaria su posición actual en una posible reunión y negociación para representar al poder blando y la legitimidad democrática qué podría tener. Es decir, Ella no habla directamente de ellas, pero las roza en sus discursos para que Europa no le quite el apoyo. Pero en estos momentos es el timing perfecto para que ella tome un bando, porque la política se está moviendo muchísimo este año, y el tiempo se vuelve en su contra.
Para nadie es un secreto que el gobierno nacional es nacionalista puro. No queda duda de ello, y muchas de las limpiezas políticas que se ven están enfocadas en eso. Por eso creo que María Corina está en la cuerda floja. Mientras siga saliendo con el nombre de Heritage Foundation atrás, tiene oportunidad de presionar. Sin embargo, su postura sigue siendo agresiva y sin paralelo a una negociación, pues quiere una guerra total pero no tiene las armas políticas y económicas suficientes para lograrlo. Así que bajo su única opción que le queda es sentarse a negociar términos dentro, atenerse a 4 años con Trump, débil o fuerte o cambiarse a globalista.
Agrego un punto crucial: a pesar de que Trump pueda perder poder a finales de este año, la agenda es clara y contundente. Él, o las fuerzas que representa, buscarán a toda costa conseguir afianzar y apuntalar el Project 2025 de la Fundación Heritage. Es un proyecto de largo aliento que trasciende a una persona.
Por otro lado, un elemento clave para toda la estabilidad en Venezuela es Diosdado Cabello. Su permanencia garantiza estabilidad de las armas y es un punto clave e importante. Su muerte, secuestro o desaparición sí significaría una fractura total del poder armado y un desastre para todos los bandos. También depende de si él tiene confianza de largo plazo en el proyecto, o si su propia letra está dentro de los planes. Si no es así, veo una fractura profunda del PSUV y las fuerzas armadas.
Si logran desarticular políticamente a María Corina, dentro del chavismo tratarán de medirse entre ellos y con otros actores nacionales para lograr mayor legitimidad. Ya toca un constructo político interno, pues el apoyo ante presiones máximas extranjeras no lo van a tener en el mediano plazo.
Por otro lado, a pesar de que se seguirá apagando los reflectores a Maduro, creo que se vendrán a destapar elementos internacionales geopolíticos y de política interna para las próximas fechas, específicamente mediados de marzo. Se buscará la forma de una negociación política (ojo, política, no judicial) para una salida y establecer precedentes importantes que mantendrían el status quo nuevo que se firmó el 3 de enero de 2026, y planetaria cara a todos los políticos globalistas de nuestra región, incluido y principalmente el de México, Chile y el de Canadá, que son afines políticamente.
Esta salida no creo que sea para este año. Si esto es correcto, sería para después de las elecciones y propondría la eliminación por completo de tibios ante los bandos del Globalismo o el nacionalismo, y una nueva era económica y política para Venezuela. Esto será un desastre total para los venezolanos refugiados, especialmente los que dieron la cara directa y sirvieron en la maquinaria de oposición extranjera. Sería una firma de sentencia como la de Bahía de Cochinos y el retiro negociado de los misiles, pues así como se retiro misiles de Cuba también se hizo de Turquía.
Esto no nos pondría directamente en contra de China y Rusia en un principio, pues somos ficha de cambio de Ucrania y Taiwán, pero sí sería un tema a elegir en unos 10 años o menos.
En lo económico, veremos cambios a finales de año. En lo que respecta a los términos macro, es decir, de todos los sectores, sí tendremos mucho crecimiento gracias a las petroleras, pero eso no repercutirá directamente en el ciudadano común. Aunque es prioritario, sí existirán nuevos salarios y bonos que mejorarán el poder adquisitivo. Dependiendo del flujo de efectivo, subirán el encaje legal y empezarán a mejorar los créditos bancarios. La bolsa de valores será protagonista en las transacciones y existe una posibilidad muy mínima de llevar a PDVSA a la bolsa de NY en contraprestación con negociaciones políticas y económicas con CITGO.
Una vez que se tome el control certero de la nación y las garantías de un lado y del otro empiecen a cobrar efectos positivos, generando confianza mutua, se iniciará la batalla económica y política contra ExxonMobil y el Esequibo. Caracas y Washington realizarán muchos movimientos para lograr el control político de Georgetown y colocar al pool petrolero venezolano como protagonista en la región.
Venezuela en 2026 no es un país en paz, sino un laboratorio de un nuevo orden internacional en gestación. Es el lugar donde el derecho internacional fue suspendido por la acción militar unilateral, donde las ideologías tradicionales fueron subordinadas al cálculo pragmático, y donde una potencia global negocia directamente con un gobierno que antes demonizaba. El camino que se trace aquí —hacia una estabilidad basada en el interés mutuo o hacia una nueva fractura— sentará un precedente profundo para todo el Sur Global. La era de las guerras calientes por ideología ha dado paso, al menos en este rincón del mundo, a la era de la paz fría por conveniencia. Y en esa nueva y cínica normalidad, Venezuela ha pasado de ser un problema a ser un prototipo.
Abg. Maestrante en gerencia estratégica Jorge A. Rodríguez H.
@ConsultorFDX



Comentarios
Publicar un comentario